1.12.11

Europa ha muerto.

El diagnóstico no ha sido económico, sino una dantesca putrefacción de valores. 
El viejo continente, acomodado y autocomplacido por los beneficios que aportan años de explotación planetaria, empieza , después de 5 siglos de expansión y represión capitalista, a dar claros síntomas de fatiga crónica. Dice una frase muy repetida por nuestros días que el capitalismo, al impregnar cada detalle de nuestras vidas con sus valores, morirá de su propio éxito, pues no queda más planeta al que saquear bajo la máxima de una alta rentabilidad. Lo que yo no consigo comprender es como sigue habiendo tanta gente que se deje explotar bajo la mentira de un supuesto bienestar.

La pregunta no deja de retumbar en mi cabeza. ¿Merece una sociedad que bajo su despreocupada ignorancia ha esclavizado a todo el planeta, ser rescatada moralmente? ¿A caso no sería mejor dejar caer el muro?

Es quizás por esto que languidece en mi el deseo de luchar. Después de tanta necesidad, ahora mi razón no encuentra lugar en algo que ha dejado de satisfacerme. Dudas y reproches, impaciencia infantil y desmesurada que recorre mi piel dejándome un escaso sentimiento de arrepentimiento instantáneo. Soy el escritor, ávido de lecturas que le inspiren, que se da cuenta de que ni en 1000 vidas podría acaparar todo el conocimiento literario legado por la humanidad.

Fallece cada día otro infante de la revolución que ni siquiera llegará a serlo por no saberse propietario de esta bendición. Muere por K.O, como muere Europa en este momento, la sensibilidad que me une a este mundo y a todos sus seres. Vuelvo, después de varios meses de intensa reflexión, a ser otro pasivo y acobardado consumidor.


                                                                      Como podréis adivinar, yo también soy europeo.