19.12.10

El Jardín Freudiano.


Escondido en una de las remotas islas que aparecen y desaparecen en medio del Atlántico, se encuentra una pequeña parcela de tierra, un trozo de naturaleza que guarda un secreto indescifrable para el ser humano. En el pasado, el agua y los nutrientes de la tierra era fuente suficiente para hacer crecer las plataneras, pero ahora, algo trascendental ha cambiado, pues no son capaces de dar fertilidad a las rosas y frutales que en el presente ocupan su lugar. Un extraño suceso ha conseguido relacionar el lugar con la parte más profunda y personal de las personas que lo cuidan y conviven con él. Es el estado de animo de una familia que bien podría haber sido macondiana, lo que dictamina que sabor tendrán los frutos, el brillo y el olor de las rosas, la inclinación de los girasoles e incluso la actividad del minúsculo universo animal que cualquier jardín envuelve.

Este lugar es en realidad, un espejo del alma y todas las personas que nos hemos visto envueltos en sus encantos tuvimos la sensación de estar volviendo al hogar. Mimar sus parras, regar sus rosales o quitar los hierbajos se convertía en una actividad de ensimismamiento que no requería esfuerzo alguno. Se establecía un diálogo inconsciente entre el lugar y la persona, un acuerdo de mutua supervivencia que ofrecía la absoluta verdad a través del color de las hojas o de la frondosidad de las enredaderas.
Todo el esfuerzo del mundo llevado a cabo por el mejor jardinero de la isla era insuficiente si una nueva catástrofe asolaba a la familia, pues solo sus miembros podía dar vida a aquel lugar dándose vida a ellos mismo, solucionando todas las encrucijadas que este mundo junto con sus perturbadas mentes les ponía en el camino.
Es así como este intrigante lugar que en un principio solo parecía ser un barómetro, se ha convertido en un punto de referencia fundamental que es capaz de cambiar nuestra vida, pues si algo tiene la naturaleza, al contrario que las personas, es que siempre te dirá la verdad a la cara. La verdadera dificultad radica en no malinterpretar o desestimar el valor del mensaje.

A pesar de estar tan lejos, se con seguridad, que pocas hojas deben quedar alzadas en los frutales, que las rosas han perdido sus pétalos y que los pájaros llevan meses enjaulados en otro planeta. Sin embargo, si algo me ha enseñado este jardín mágico es que hasta que no muera el último de los gladiolos, hasta que no caiga el último higo o desaparezca el último rosal quedará la infinita posibilidad de que la vida vuelva a nacer de si misma, pudiendo ser incluso más esplendorosa que en la época en que las plataneras consiguieron mantener vivo a todo un archipiélago.