21.4.10

Creación: Calidad, sentido y emoción.


Antes de seguir leyendo es necesario, para poder entender y sentir este texto, poner a reproducir la penúltima canción en la lista de música. Yann Tiersen_Comptine d'un autre été.


La suave melodía de tonos graves enuncia el principio de un camino compartido por dos sensaciones inseparables. Seguidamente podemos sentir como una segunda mano se coloca a la derecha y establece un diálogo rítmico en tonos mucho más agudos. Empieza a emanar una complicidad coordinada entre dos ritmos que bailan acarameladamente, sin pisarse, como una pareja de enamorados en el salón de un viejo ático, intuyendo un inevitable y deseado final.
Ambos son distintos, y elaboran su propio camino, uno al lado del otro, jugando, riéndose, riñendose, pero en definitiva, existiendo y conviviendo. En la base encontramos continuidad, estabilidad y una fuerza que la mantiene totalmente pegada al suelo, si de un psicoanálisis estuviéramos hablando. Mientras que los agudos parecen saltar a su gusto por donde les apetece. Son pequeños destellos de felicidad situados aquí y allá. Aumentan su tono y su compás, varían su velocidad constantemente y se permiten el lujo de desaparecer cuando la situación lo requiere. Son la joven soñadora metida en su burbuja de fantasías, flotando por el aire sin preocuparse por lo que pasa más abajo.
Si cerramos los ojos para intentar sentir la canción, podemos imaginarnos la danza de las manos sobre el piano, intuir cada movimiento y notar la presión sobre cada una de las teclas. El emocionado pianista mantiene la concentración en su mano izquierda, se divierte con la derecha y evidentemente, tiene los ojos cerrados.
Cuando el objetivo de cerrar los ojos no es sentir la canción, sino sentirnos a nosotros mismos, podríamos estar mirando el transcurso de la vida parisina, con sus tenues y románticas luces, con el fluir de sus transeúntes y su rió, sintiendo a la vez su romanticismo y su alegría, su melancolía y su calidez. Es irremediable que la canción evoque a París.

No solo se trata de hacer una pieza bella para los oídos. Se trata de crear un guión, de definir unos personajes, de hacerlos interactuar entre si. Se trata de que la composición sea tan magnífica que podamos sentirla y formar parte de ella hasta el punto de que nos evoque sensaciones, lugares o cosas, concluyendo con un clímax, producido por un trasfondo donde se esconde una reveladora metáfora capaz de hacernos reflexionar. Después de esto, solo quedará paz, tranquilidad...

Si has terminado de leer el texto a la vez que la canción, además de entenderlo, lo habrás sentido...

10.4.10

El indispensable genio a caballo...


Aburrido y cansado, el mundo se ha detenido y no sabe como seguir girando. La apatía repta desde lo más profundo de nuestra mente con la facilidad de movimiento del propio viento. Algo me falta, pero no puedo descubrir que es, o quizás lo sepa y no quiera ni pronunciar su nombre. Luchar contra los sentimientos es la tarea más complicada a la que la razón humana ha podido enfrentarse jamás. Esconder el sufrimiento, la incomprensión o la angustia sería negarme a reconocer la realidad.

¿En que absurdo lugar nos encontramos?, ¿como es posible que solo después de la muerte se te permita pasar a la historia como un grande, como un genio?. Que inmensa debe ser nuestra necedad para no poder reconocer el valor de las grandes obras hasta que sus autores lleven años pudriéndose en un cajón de madera, o en su defecto, en alguna fosa común. Genios como Rembrandt y sobretodo Van Gogh murieron en la pobreza, vivieron en la depresión de los incomprendidos, de los que están fuera de lugar, por que este nuestro mundo no es capaz de asumir fácilmente su propia evolución. El propio Gustavo Adolfo Bécquer decía antes de morir a su amigo Augusto Ferrán. “Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”
Todos ellos, y los muchos que me quedan por nombrar, eran conscientes de que solo la muerte los inmortalizaría, todos ellos eran conscientes de lo tristemente ciega que está la humanidad, y a pesar de saberlo, gastaron todas sus energías en enseñarnos a nosotros, los culpables de su sufrimiento, el camino a seguir.
Desgraciadamente, el río no suele cambiar su cause y volvemos a necesitar a un Cézanne, a un Piranessi, a un Otto Wagner, a un John Soane, a un Filippo Brunelleschi , a un Marcel Duchamp, o a cualquiera de esos personajes que a lo largo de la historia han intuido que la tendencia anterior estaba obsoleta o han vislumbrado cual era el siguiente paso, dándole así un empujón de fuerza tangencial a toda la esfera cultural. Esta, actualmente, no solo ha dejado de moverse, sino que además empieza a descomponerse a gran velocidad.
El aumento frenético de la velocidad con la que se producen los cambios en estos últimos treinta años, ha hecho que el imaginario de nuestra sociedad sea tan diferente al de las sociedades anteriores y esté tan lleno de vicisitudes innecesarias, que esta vez no será suficiente con pintar cuadros o escribir libros. El nuevo despertar, debería eliminar de un plumazo cosas tan arraigadas en nosotros que necesitaremos recurrir a la épica, a la suerte e incluso a lo inexplicable, para extirpar ciertos tipos de cáncer escondidos tras el entretenimiento o la apariencia. Nietzsche acabó con el concepto de Dios, pero Dios sigue vivo. En nuestros días, seguimos viendo asesinatos, muertes en nombre de éste.
No debemos conformarnos con establecer convenciones filosóficas en los altos niveles culturales, debemos centrarnos en la indefensa masa humana que se encuentra sumida en un oscuro letargo de incultura, analfabetismos, engaños, decadencia y muerte en todos los sentidos. (El que sea capaz de nombrar tres filósofos que vivan en la actualidad, que tire la primera piedra.)
Seguramente, en algún lugar de este mundo, exista alguien que ya sepa como poder “instalarnos” de forma generalizada, el filtro que necesitamos para poder seleccionar las toneladas de desinformación con la que somos bombardeados día a día. Pero, irremediablemente tendremos que esperar a su muerte para poder entender que pretendía decirnos.
Con lo valiosa que es la muerte, y nosotros buscando la fuente de la juventud eterna. Somos el caminante que persigue espejismos por el extenso y vacío desierto.

Mi epitafio rezará: De esta me hago mayor...