12.10.09

Una historia de amor...


Segunda parte...

Mi vida había llegado a un punto de vital importancia, y yo había tomado una decisión sin demasiados miramientos, casi despreciándola por no tomarme un minuto para pensarlo.
Aquel hombre se quedó mirándome en silencio, parecía sorprendido por la seguridad de mi respuesta. Me preguntó como podía estar tan seguro, y yo le respondí que desde el primer minuto había entendido la metáfora.
- Bien amigo, en ese caso voy a invitarte a que pases la noche con nosotros, creo que te lo has ganado a pulso. ¿Sabes jugar al poker?- Yo asentí con la cabeza. - Pues toma asiento y coge esos trescientos que habéis dejado antes. Ilyich, vete a buscar a Perse, esta noche va a ser nuestra camarera.- El mismo que antes había ido tras mis amigos, se levantó nuevamente para volver diez minutos después con aquella chica que tanto me había impresionado- Mi nombre es Iósif y este a mi derecha es Wilhelm. Relájate, creo que te lo va a pasar muy bien.
Estuve muchas horas sentado con ellos jugando al poker, bebiendo y consumiendo todo a lo que fui invitado. Ya no sabía si era de noche o de día, había perdido la noción del tiempo y del espacio. Solo la química me hacía mantenerme medianamente lúcido. Ellos me contaron que eran los cabecillas de una pequeña mafia que se dedicaba a la trata de blancas, a la venta de varios tipos de droga e incluso al tráfico de armas. Resulta que no solo trabajaban allí, sino que también tenían negocios en Francia y Alemania. Había conseguido introducirme completamente en el grupo, me habrían respondido a cualquier pregunta sin objeciones.
Durante la noche, las chicas pasaban por allí de vez en cuando para animar un poco la partida o para complacer algún que otro caprichito nuestro. La habitación parecía una escenificación barata del mismo infierno, solo le faltaba el ambiente rojizo y el fuego, aunque a mi me seguía intrigando profundamente aquella chica. No dejaba de observarla.
Cuando Iósif se dio cuenta de ello, me dijo que ella era lo único que no podía ofrecerme, ya que no había elegido la mano izquierda.
- Que no la eligiera, no significa que no me guste. Solo significa que no era la elección que yo quería. ¿Puedo hacerle una pregunta?- El asintió.- Perse, ¿cual es tu nombre completo?
Ella me respondió que era Perséfone, pero que en realidad solo era el apodo para trabajar.
- Si lo llego a saber antes, posiblemente habría elegido la otra mano, aunque dudo que el jefe sepa algo de mitología griega.
- Me ofendes amigo, se lo suficiente de mitología, pero las chicas nunca dicen su nombre, es una norma del bar. Si la conocieras, sabrías por qué le pusimos ese apodo.- Yo le respondí que algo de eso había intuido horas antes.
Muchas horas después terminamos la partida, había pasado la noche más impresionante y bestia de mi vida, nunca había vivido una fiesta igual, ni una experiencia similar. Había bajado al infierno y subido al cielo varias veces. ¿Que más podía pedir.?
- Bueno chico, hemos terminado, no tengo nada más que ofrecerte.- Yo levante la cabeza, respiré hondo y le mire con cara de agradecimiento.
- Gracias por este final, yo no lo habría planeado mejor.
- No hay de que, la verdad es que me has acabado cayendo bien. Estoy empezando a arrepentirme de tu elección. ¿No lo has hecho tú?
- Yo lo tenía claro desde el principio. Hazlo ya.
Iósif cogió el arma de la mesa, me apunto a la cabeza y me disparó justo en la frente.

El hombre, es un su locura, ha creado una sociedad esquizofrénica y todo lo que me ha pasado esta noche y en general en mi vida, no es más que una consecuencia de ello. Sin embargo, el destino me ha hecho el mayor favor que podría hacerme. Se acabaron las mentiras, se acabó la desesperación, las responsabilidades y las preocupaciones. Se acabó el miedo, se acabó el aburrimiento.
Se acabó el querer morirse...

1.10.09

Una historia de amor...

Primera parte...

Eran aproximadamente las 8 de la tarde en aquel país del este de Europa, nos habíamos bebidos unas cervezas y en un acto de locura, decidimos coger el coche, llenar el deposito de gasolina y conducir sin rumbo hasta que alguna señal del cielo nos indicara el camino a seguir. Creo recordar que íbamos bien equipados para pasar una noche llena de emociones fuerte; un bolsita de naturaleza que anestesia la mente, otra, que gota a gota hace que tu lengua galope veloz, unos frutos de la tierra que te hacían volver a los cuentos encantados de la infancia y finalmente, dos botellas del depresor más desinibidor que se ha inventado.

Mientras conducíamos a una velocidad superior a la permitida y después de habernos bebido más de una botella y probado alguna de las sustancias alterantes de la realidad, un destello en el horizonte nos hipnotizó por completo. Era la señal que habíamos estado esperando, aunque al llegar allí supe que ningún otro destino podía habernos tocado. Al aproximarnos a la puerta pude leer en unas letras rojas y luminosas: La Cueva Del Vampiro.

Nos bajamos del coche en aquel aparcamiento de tierra que olía a película de los 70´s. Al pasar por debajo de la puerta de la entrada, tuve esa sensación que tengo, cuando se que una noche no va a ser normal.

El bar era la típica taberna cutre. Revestida de madera carcomida por los años y con unas luces muy tenues que evitaban ver lo asqueroso que estaba el lugar. Curiosamente, estaba completamente vacío. Solo el camarero detrás de la barra y una mesa de atractivas señoritas al fondo daban vida al ambiente. Evidentemente decidimos sentarnos cerca de ellas y pedir unos cuantos whiskys. El camarero, nos miró con una sonrisa que solo llegué a comprender unos minutos después, cuando me percaté de que las chicas nos miraban con un asombroso descaro. Nosotros no eramos ningunas bellezas, así que llegue a la conclusión evidente de que estábamos en un prostíbulo. Conociendo a mis acompañantes, tuve la certeza de que íbamos a estar allí un buen rato.

Antes de que nos pusieran las copas, tres de la chicas ya se habían sentado con nosotros. Olíamos tanto a extranjeros que directamente nos preguntaron de donde eramos. En no más de 15 minutos, ya teníamos la mesa llena de drogas. Eramos los reyes del mambo. Tres tíos duros bastante pasados, rodeados de chicas guapas. ¿que más se podía pedir?

Todo marchaba perfecto, hasta que paso lo inevitable.

- Buenos chicas, ¿cual es el precio? Las tres sonrieron tímidamente y miraron al camarero.

- Trescientos...- Dijo mirándonos a los tres desde dentro de la barra.

A mi me pareció algo caro, pero las manos de las chicas por debajo de la mesa ya habían contribuido a que fuéramos cuesta abajo y sin frenos. Es imposible luchar contra el destino, y más aun contra uno mismo...

Entramos por una puerta que estaba en la pared del fondo, al lado de los mugrientos baños, que nos introdujo en una zona totalmente distinta. Al caminar por el pasillo, me sorprendió ver que existía mucha más vida en la trastienda de aquel local. No pude orientarme correctamente, por que era mucho más grande de lo que había imaginado y además me empezaba a costar caminar derecho. Después de unas escaleras hacia abajo y dos giros a la izquierda, llegamos a una gran habitación, en la que estuvimos durante una hora honrando a la naturaleza por haber inventado un medio de reproducción tan placentero. Durante aquel rato, una de la chicas me pareció asombrosa. Me percaté de que a pesar de su temprana edad, había vivido cosas muy duras en su vida. Era como si pudiera ver más allá de las paredes, y además tenía ese algo de tía dura y liberal que siempre me había gustado. Era como si fuese capaz de romperte la boca en cualquier momento, y además pudiera entender las cosas más profundas de la propia existencia humana... Me sentía como si estuviera ante un ser superior.

Exhaustos, desaliñados y algo más colocados que antes, salimos de la habitación tras las chicas, que nos llevaron a otro pequeño bar en la parte trasera, donde cuatro hombres jugaban a las cartas.

- Tenéis que pagarles a ellos, nosotras nos vamos. Al otro bar se va por esa puerta- nos dijo una de ellas señalando hacia la derecha.

Al acercanos, pude ver que había un arma sobre la mesa. Pusimos los trescientos euros sobre el tapete, dijimos adiós y nos dimos la vuelta con la intención de marcharnos.

- Un momento, aquí solo hay 300 euros.

- Es lo que nos dijo el camarero- respondí.

- Si, pero 300 por cabeza.

Los tres nos miramos para cerciorarnos de que no teníamos ese dinero.

- Lo siento amigo, pero no tenemos tanto dinero.- El mayor de ellos, dejo las cartas sobre la mesa, levantó la cabeza y empezó a acariciar lentamente el arma con la mano izquierda.

- Yo no soy tu amigo, y espero por tu bien que eso no sea verdad. No hay nada que odie más que tres estúpidos extranjeros que no sean capaces de pagarse sus propios vicios.

En el momento en que me disponía a responderle, uno de mis amigos me rozó la espalda y ambos empezaron a correr. Yo me quedé totalmente petrificado por el miedo. Aquel hombre levantó su arma y me apuntó directamente a la cabeza. Un segundo después ordenó a otro que siguiera a mis amigos.

- Lo siento chico, pero creo que estás un poco jodido. No tengo ni puta idea de como podrías salvarte de esta.- Se quedó un rato en silencio, mirándome fijamente, yo no podía evitar temblar, estaba realmente acojonado y además seguía bastante colocado.

Después de 5 minutos de silencio, el otro tío volvió y se sentó junto al jefe diciéndole algo al oído.

- Bueno chico, en vista de los hechos, voy a dejar que seas tú el que decida tu destino.- Se metió la mano en el bolsillo y sacó dos cosas.- En la mano izquierda tengo una foto de la chica con la que has estado esta noche. ¿Te ha gustado verdad? En la mano derecha, ese otro vicio que por lo visto también te gusta bastante. Uno representa la muerte, el otro, la vida. Piensatelo muy bien chico, por que el espacio que separa la vida de la muerte no es más que la distancia que hay entre mis manos. ¿Sabes que mano es la adecuada?

En aquel momento dejé de temblar, se me paso el miedo, junto con todos los pensamientos de la cabeza, lo tenía clarísimo. Lo miré con cara de satisfacción y le dije:

Elijo la derecha...

CONTINUARA